ALIMENTACIÓN LONGEVA
El café puede reducir el riesgo de mortalidad, pero añadir azúcar podría restar beneficios
Un estudio con más de 46.000 adultos relaciona el consumo moderado de café con una menor mortalidad, especialmente cuando se toma solo o con pocos añadidos.
Beber café habitualmente podría estar relacionado con una mayor longevidad, aunque la manera de prepararlo parece desempeñar un papel importante. Así lo apunta una investigación de la Universidad de Tufts, publicada en The Journal of Nutrition, que ha analizado los hábitos de consumo de más de 46.000 adultos estadounidenses. Sus resultados muestran que tomar entre dos y tres tazas diarias se asocia con un riesgo de mortalidad un 17 % menor. Sin embargo, esta relación se observa principalmente cuando la bebida se consume sola o con cantidades reducidas de azúcar y grasas saturadas.
El azúcar y las grasas saturadas, en el punto de mira
Para realizar el estudio, los científicos utilizaron información de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NHANES), recopilada entre 1999 y 2018, y la relacionaron con los registros nacionales de mortalidad. Durante un seguimiento mediano de entre 9,3 y 11,3 años, se contabilizaron 7.074 fallecimientos. Al comparar los resultados con los de las personas que no bebían café, los investigadores observaron que quienes consumían entre una y dos tazas al día presentaban un riesgo de mortalidad por cualquier causa un 16 % inferior. En el caso de quienes tomaban entre dos y tres tazas, la reducción relativa alcanzaba el 17 %.
Uno de los aspectos más destacados de la investigación es la diferencia observada según los ingredientes que acompañan al café. El equipo científico distinguió entre quienes lo consumían negro y quienes añadían azúcar o grasas saturadas en distintas cantidades. Los resultados relacionaron el consumo de café solo con una mortalidad un 14 % inferior. Esta asociación también se observó cuando los ingredientes añadidos estaban presentes en cantidades reducidas. En concreto, los investigadores consideraron bajo un contenido de azúcar añadida inferior a 2,5 gramos por taza de aproximadamente 240 mililitros, así como una cantidad de grasas saturadas inferior a un gramo.
Dos o tres tazas al día, una cantidad asociada a menor mortalidad
Por el contrario, cuando se superaban esos niveles, la asociación protectora dejaba de ser estadísticamente significativa. Esto no significa que añadir leche, nata o azúcar elimine automáticamente los posibles beneficios de la bebida, pero sí apunta a que su composición podría influir en la relación entre el consumo de café y la salud. A pesar de los resultados, los investigadores recuerdan que el estudio es observacional y, por tanto, no permite demostrar que el café sea directamente responsable de prolongar la vida. Además, la investigación se basó en registros dietéticos de 24 horas, que no necesariamente representan los hábitos alimentarios mantenidos a lo largo del tiempo.
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Por ello, los datos tampoco justifican recomendar un aumento del consumo de cafeína a toda la población, especialmente a las personas sensibles a sus efectos. La investigación apunta a que un consumo moderado, de alrededor de dos tazas diarias, podría formar parte de unos hábitos saludables, aunque sus resultados deben interpretarse con cautela. En definitiva, el estudio plantea que no solo importa la cantidad de café que se consume, sino también los ingredientes que se incorporan a cada taza. Una preparación sencilla, con poco azúcar y grasas saturadas, es la que presenta una asociación más favorable con la mortalidad.